Antes que encargado de idear y desarrollar envoltorios, fue el gran impulsor de la transmisión de latidos conceptuales a través de las carpetas de álbumes de rock. Se dedicó a ello desde 1968 hasta su muerte, primero desde el estudio Hipgnosis —donde compartía responsabilidades y expandía la fantasía con Aubrey Powell— y, a partir de 1983, por su cuenta.
Cuando caía en tus manos por primera vez un disco diseñado por Hipgnosis —cruce de los términos hip (nuevo, cool) y gnosis (conocimiento espiritual-cósmico)— empezabas a sentir la música antes de poner el álbum en el tocadiscos. Muy pocos diseñadores tenían tal capacidad de síntesis y casi milagroso poder de sugestión.
Aunque respondía con sarcasmo cuando le preguntaban si se consideraba artista ("no, por desgracia, no lo soy, soy un simple diseñador gráfico, aunque soy un diseñador bastante sexy"), la colección de varios centenares de cubiertas que preparó —esta página web no oficial las agrupa en su totalidad— podría estar, con mayor justicia que gran parte del complaciente arte contemporáneo, en las paredes de un museo. De hecho, ya lo están: en la galería irrebatible del imaginario social colectivo.
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"A Saucerful of Secrets" (Pink Floyd, 1968)
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Ummagumma (Pink Floyd, 1969)
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Atom Heart Mother" (Pink Floyd, 1970)
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| "Dark Side of the Moon" (Pink Floyd, 1973) |
| "Amimals" (Pink Floyd, 1977) |
| "Wish You Were Here" (Pink Floyd, 1975) |
Aunque para el grupo psicodélico firmó sus diseños más conocidos, la amplitud de la obra del artista fallecido guarda otros grandes hitos —por ejemplo, las simples pero potentes como un golpe cubiertas de los tres primeros discos en solitario de Peter Gabriel; la fascinante de Houses of the Holy (1973), de Led Zeppelin, o las varias que hizo para 10 cc—.
Amigo de las fotos antes que los dibujos ("me gusta la realidad y las fotografías me permiten manipularla con más credibilidad"), artesano de las viejas técnicas del montaje previas al Photoshop ("no soy bueno con los teclados y las pantallas, necesito tocar lo que hago"), admirador confeso del postsurrealista René Magritte y su teoría de divorciar las ideas del difraz del lenguaje, cultivador de la ambigüedad ("me gusta preguntarme por qué, pero no saber el por qué") e influido por la fertil literatura sajona sobre las pesadillas distópicas, Thorgerson fue un incansable trabajador y, para nuestra suerte, el mejor condensador en un sola imagen de los mundos plurales de la música.
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